Palios

24 junio 2013

CRISTO DEL PERDÓN, SALVADOR CARMONA. ATIENZA

Filed under: Imagineros — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 18:52

Si fuera poco lo que conserva esta villa medieval (y que iremos anotando aquí), existe este extraordinaria obra de Salvador Carmona.

Pertenece a una serie de esculturas con el mismo título (La Granja y Paredes de Nava) que juegan un curioso juego iconográfico.

En un primer nivel el Cristo rememora el del Monte de los Olivos, con la mirada alzada, suplicante, (“Aparta de mi este cáliz”); gesto que se refuerza con la actitud implorante de los brazos.

Sin embargo, si nos fijamos mejor, el Cristo tiene las manos perforadas y la herida del costado ya abierta. Por tanto, Cristo ya ha sido crucificado, por lo que la imagen (históricamente) es imposible.

Esto nos da la clave para interpretarla mejor. Siguiendo la línea ideada ya por Pereira (y tan típica de nuestro tardobarroco), la imagen es alegórica. Cristo muestra sus sufrimientos y los ofrece a Dios Padre como una forma de purificación de los hombres.

La idea se refuerza con la bola del mundo sobre la que se apoya su rodilla y en la que está pintado el pecado original de Adán y Eva, esa mácula que la muerte de Cristo limpia.

Pero si iconográficamente es magnífico, aún lo es más su trabajo de talla.

La escultura es todo un prodigio que une el siglo XVII con el XVIII, lo castellano con lo andaluz.

Si observamos su espalda, el gusto por la sangre y el sufrimiento reconoceremos en él a Gregorio Fernández.

De la misma manera, su cara, alterada ya por el sufrimiento, mezcla rasgos típicos de Gregorio Fernández con otros que recuerdan a Ruiz Gijón y su famoso Cachorro (observad la barba puntiaguda tan típica del arte sevillano tras Pedro Roldán; los ojos acuosos y mirada perdida  que se puede observar en su Cristo de las Penas en San Vicente). Incluso, la propia espina que se clava en su ceja rememora directamente al Gran Poder de Juan de Mesa.

Pero aún más. Ya típico del XVIII (y el conocimiento tardío que se tuvo en España de la plástica de Bernini), encontramos su composición en diagonal avanzada (especialmente acusada en su visión de perfil) que dota a la escultura de múltiples puntos de vista (e incluso de sentimientos provocados en el espectador); el perfecto ideal de cualquier imaginero que piensa en su obra procesionando por las calles (como aún puede disfrutarse con su Cristo recogiendo las vestiduras)

Vemos también su gusto por los plegados en donde se unen las formas angulosas de Gregorio Fernández con el movimiento (más andaluz) en el que se puede reconocer a Juan de Mesa o Ruiz Gijón.

Típico también del XVIII es el modelo más blando (aunque mucho más nervioso que su coetáneo, Salzillo), en donde el rigor anatómico es suavemente matizado por un canon más esbelto (tan típico de sus Cristos) y una terminación que le proporciona un tacto más suave, aunque por debajo de ella sigan en plena actividad músculos y tendones, como ocurre en el XVII, uniendo a esta idealización detalles de realismo impensables en Salzillo, como las arrugas de la piel en sus costados

Como puede verse toda una lección de arte, de influencias y de estilo propio que siempre me recuerda a la obra de otro gran imaginero (esta ver contemporáneo) Romero Zafra

FOTOGALERÍA ENLAZADA DE SALVADOR CARMONA

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1 comentario »

  1. buena pieza de arte religioso ,, del barroco

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    Comentario por ARRUDI — 25 junio 2013 @ 16:08


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