Palios

2 marzo 2015

MARTÍNEZ MONTAÑÉS. EL CRISTO DE LOS CÁLICES O DE LA CLEMENCIA

Filed under: Martínez Montañés — Etiquetas: — vicentecamarasa @ 18:19

 

Realizada por encargo del arcediano  Mateo Vázquez de Leca, su particular iconografía suele atribuirse a dos factores.

El primero de ellos es la posición de la cabeza, aún vivo y mirando suavemente hacia abajo. Simplemente es una transposición de una de las condiciones del contrato firmado con el arcediano, en el que se pedía que debería de estar vivo… con la cabeza inclinada sobre el pecho, mirando a cualquier persona que estuviese orando al pie del, como que está el mismo Cristo hablándole..

En realidad se trata de una idea claramente contrarreformista, aquella que surge del uso de las imágenes que prevé uno de los últimos capítulos redactados en Trento: el honor que se da a las imágenes, se refiere a los originales representados en ellas; de suerte, que adoremos a Cristo por medio de las imágenes que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos; y veneremos a los santos, cuya semejanza tienen.

La imagen se exorciza así de los peligros de la idolatría y se convierte en un ejemplo (casi vivo) en donde apoyar la fe, especialmente para las capas populares.

San Ignacio (el creador de los jesuitas) así lo entendía en sus ejercicios Espirituales:

Imaginando a Christo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Criador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a mí mismo, lo que he hecho por Christo, lo que hago por Christo, lo que debo hacer por Christo; y así viéndole tal, y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se offresciere. (…) El coloquio se hace propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su Señor; quándo pidiendo alguna gracia, quándo culpándose por algún mal hecho, quándo comunicando sus cosas, y queriendo consejo en ellas; y decir un Pater noster

El espectador se convierte así en puro actor (como ocurre en las procesiones o en las fiestas barrocas) permitiendo un contacto directo con la divinidad que anime al rezo profundo, sin distracciones.

Por otra parte, el Cristo (como muchos tempranos de Martínez Montañés) muestra ciertos rasgos manieristas, como el canon alargado o el curioso cruce de los pies (creando un Cristo de cuatro clavos por completo diferente al que defendía Pacheco).

Habitualmente se ha vinculado con un posible crucifijo que existiera en Sevilla de mano de Miguel Ángel, aunque no hay que ir tan lejos, pues numerosos ejemplos de estas maneras se encuentra en la Sevilla en la que se formó Martínez Montañés, con antecedentes en Jerónimo Hernández o las obras de Torrigiano, u obras del propio momento como las de su coetáneo Ocampo (Silencio).

De hecho, un crucifijo diez años posterior (1617), como el de los Desamparados, sigue utilizando los mismos esquemas corporales

UNA FOTOGALERÍA enlazada DEL ESCULTOR

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