Palios

28 enero 2019

NOLI ME TANGERE. CORREGGIO

Filed under: ICONOGRAFÍA — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 7:56

Pocas obras tan sutiles como esta pequeña pieza que atesora el Museo del Prado, realmente poco frecuentada para la calidad que atesora.

El tema (Noli me tangere) ya lo analizamos aquí con mayor extensión, en donde se sigue el modelo de Cristo como hortelano opuesto a la Magdalena como cortesana (por lo demás rubia, como corresponde a la sensibilidad veneciana)

Ya la composición nos lo anuncia todo: una fuerte diagonal que se inicia en Magdalena  y continúa en Cristo para detenerse por completo en la gran vertical del árbol. En ella son tanto los gestos (los brazos y manos especialmente, como más tarde reutilizará Bernini) como miradas las que establecen todo el movimiento que realiza una fuerte conexión compositiva pero también emocional (una especie de péndulo entre las miradas verdaderamente asombroso)

Las figuras adoptan posturas dinámicas derivadas de formas serpentinatas (Correggio acaba de realizar su viaje a Roma, en donde está conociendo las obras de Rafael y Miguel Ángel), ya sea en el zigzag de la figura femenina como en la torsión continua del cuerpo de Cristo que se inicia en unos pies apoyados de una forma inestable, casi como un paso de ballet.

A todo ello Correggio añade su pincelada sutil y el gusto por el colorismo, mucho más cercano a lo veneciano que se aleja de las formas florentinas para conectar con una forma de entender la pintura de una manera sensitiva.

Esto es especialmente relevante en el gran espacio que ocupa el paisaje en donde verdes y azules se van degradando en la distancia y nos están recordando las fórmulas iniciadas por Giorgione y llevadas a su culminación por Tiziano que crean un verdadero sentimiento de humedad que rodea a los personajes, suavizando sus contornos

Iconográficamente, el cuadro mantiene toda la tradición del tema (“No me toques”, la dice Cristo ya resucitado a Magdalena, pues él ya pertenece al reino del espíritu, como nos dice su mano alzada hacia el cielo).

Pero a él, Correggio nos habla de algo más, de las diferencias entre lo divino y lo humano (algo fundamental para la estética barroca). El pintor juega con el amor terrenal (el que siente Magdalena, con su gesto encendido y vehemente que se amplifica por medio del constante zigzag de su postura y movimientos nervioso de las telas de su falda) y el divino de Cristo (idealizado y contenido).

Nos habla de lo material, pegado al suelo sin remedio pese a su intensidad, y de lo espiritual, que apenas toca el suelo con sus pies y se eleva como una llama a través de la suave forma serpentinata y se escapa hacia arriba en el gesto de su brazo alzado.

Entre ambos mundos sólo existe esa mirada de la que hablábamos. Una mirada que casi tiene consistencia en sí misma. Algo capaz de unir dos conceptos tan radicalmente irreconciliables. Una mirada ¿de amor?, al menos de profundo sentimiento humano que une cielo y tierra por medio de la emoción.

Su fuerte intensidad sólo es frenada por los gestos de las manos que niegan e impiden el acercamiento final de las dos figuras, creándose así una fuerte tensión (erótico-espiritual) que será muy habitual en el barroco (y especialmente en el tema de la Magdalena, como ya vimos aquí)

 

CORREGGIO. FOTOGALERÍA ENLAZADA

 

Imágenes tomadas de wikipedia

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