Palios

24 marzo 2010

Sevilla: el Teatro barroco revela las Enigmas de la Madrugá

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La Sentencia

I. Cuando aparece la Macarena

0.00. Medianoche del Viernes Santo en Sevilla. Por el aire nocturno se ciernen el perfume de azahar y una expectación misteriosa bajo la luz de la Luna de Parasceve. Cerca de la muralla árabe, una inmensa muchedumbre está esperando a que se abra la puerta de la Basílica de la Macarena. Finalmente, aparece la cruz de guía de plata que precede a la procesión más grande de la Semana Santa de Sevilla. La Madrugá – la Noche Mágica de Sevilla – está renaciendo una vez más. Los nazarenos avanzan en larga fila doble, abriéndose paso por el público de ese “teatro sagrado”. Los capirotes que ocultan sus rostros les dan un aspecto siniestro, pueden evocar miedo a los que contemplan este espectáculo por primera vez. Esos antifaces sirven para guardar la calidad de anónimos de los participantes de la procesión. Algunos tal vez lo lamenten, ya que constituye un gran honor pertenecer a la «Macarena», la cofradía más famosa de España, fundada en 1595 por un gremio de hortelanos. A pesar de muchos hermanos ilustres (como la Casa Real), esta hermandad nunca ha perdido su carácter popular.

Desde hace 400 años, cada Viernes Santo se repite el mismo ritual solemne, casi el mismo recorrido, la misma pompa barroca como en el temprano siglo XVII. Ahora estarán de nuevo miles de espectadores al lado de la Puerta de la Macarena. Y finalmente aparece ELLA – la Virgen más famosa de la Tierra de María Santísima. Es una Diosa de la Luz en la Noche más oscura. Su rostro muestra lágrimas, pero a la vez una sonrisa enigmática.

Macarena

Legiones de historiadores del arte han intentado descifrar el encanto especial de la Esperanza Macarena. Como siempre, provoca el júbilo de la gente, una ola de fervor y entusiasmo. En las horas anteriores, tuvo lugar la “lucha” por los mejores sitios para verla salir. La puerta barroca al lado de la muralla se convierte en arco de triunfo, por el que llevan en este momento a la Virgen. Naturalmente, se podría verla cada día en su iglesia, pero ahora está viva, se acerca a su pueblo. Y no sólo es Virgen cristiana, es la Diosa de Sevilla, en ella se funden la Madre por antonomasía y la Venus mediterránea: una Reina de la Belleza a lo divino.

Esta imagen del siglo XVII es posiblemente la obra maestra de una mujer: La Roldana (Luisa Roldán), la más importante escultora sevillana. Muchos dicen que durante la Semana Santa se puede descubrir el secreto matriarcado de la sociedad supuestamente machista de Andalucía. El novelista Arturo Pérez-Recerte ha definido la Semana Santa sevillana como un „gigantesco Día de la Madre“. El comportamiento de la gente parece confirmar esta tesis. La muchedumbre rodea a su diosa como la mar, cada uno quiere tocar su paso o llevarse un clavel como “trofeo sagrado”. Condenados todos los que no consigan contemplarla de cerca: durante un año entero no se lo perdonarán a sí mismos. Un coro salvaje de adoradores/as (per)sigue a la Virgen, celebrando su belleza a gritos de “¡Macareeeeeeeeeena – Guapa!”, hasta que su palio y su manto desaparezcan brillando en la oscuridad…

II. Las negras Sombras del Silencio

3.00. La noche está en su apogeo. Las puertas de la catedral gótica más grande del mundo se abren y los primeros nazarenos del «Silencio» salen a la pálida luz lunar. En silencio y de negro riguroso – ¡ qué contraste con el ambiente alegre de fiesta primaveral de la Macarena! El Silencio es la cofradía más antigua y venerable de Sevilla, llamada por ello “Madre y Maestra”. Fundada en 1340, realizó su primera procesión documentada (aún bastante sencilla) en el año 1356.

Pero la Semana Santa barroca – tal como la conocemos hoy – nació después del Concilio de Trento según el principio de delectando docere a finales del siglo XVI en Sevilla y luego fue imitada en muchos lugares de España e Hispanoamérica.

El Silencio

Pero en ninguna ciudad alcanzó tanto esplendor barroco y dimensiones tan gigantescas como en la metrópoli andaluza. En total son 60 procesiones y 119 pasos durante siete días y noches que establecen cada año un «récord» de oro y arte (neo)barroco que será único a nivel mundial. Un ambiente encantado que se podría definir como «vértigo de incienso».

Ahora, parece que se acerca el Paso del Cristo. Los flashes de las cámaras y el murmullo de la gente rompen el silencio. Aún no se puede ver, pero se escuchan los sonidos de los oboes que acompañan al paso. Un fulgor de oro entre los naranjos. Allí está. Como un bajel dorado va lentamente por la mar de cuerpos y almas. La magnífica imagen del Cristo es la más antigua de la Madrugá, una obra de Francisco de Ocampo (1609). Lleva una túnica morada, ricamente bordada, y tiene una expresión del rostro llena de paciencia, como si perdonara al público demasiado ruidoso. Llama la atención un extraño característico suyo: es que lleva la cruz al revés. Su paso soberbio consiste de madera noble dorada y está decorado abundantemente con ángeles ultrabarrocos. Va subiendo ligeramente – como llevado por una inmensa mano invisible – por la Calle Argote de Molina. Parece increíble, ¡ya que un paso como éste pesa dos o tres toneladas! Sus portadores invisibles, los Costaleros, son los verdaderos héroes de la Semana Santa. Se trata de un grupo de 36 hasta 54 hombres fuertes, preferidamente no muy altos (a veces gorditos) que llevan el paso, ocultos a los ojos del público detrás de un telón de terciopelo. Así que son «ciegos», realizando cambios de sentido y ritmo según las órdenes del Capataz. De este modo se crea la ilusión de que el paso se mueve por sí solo…

III. Los Cantos para “Manuel”

4.00. En el frescor de la noche el perfume de azahar es más intenso, como si quisiera invitar a pensamientos pecaminosos, entrando en competencia con el sagrado incienso. La primera luna llena de la primavera da más luz que los antiguos faroles amarillentos que alumbran el laberinto del casco antiguo más grande de Europa. En tales momentos, Sevilla es “objetivamente” la ciudad más bella del mundo…

Cerca de la Iglesia de Santa Catalina, se pueden escuchar cantos y palmas en la noche santa. Grupos de gitanos, algunos venidos de lejos, celebran con bailes – y alegría asombrosa para un Viernes Santo – la llegada de su Cristo, al que han bautizado cariñosamente “Manué”. Largas filas de nazarenos de la cofradía de «Los Gitanos» entran en la Calle Doña María Coronel. Trompetas anuncian el paso del popular «Cristo de los Gitanos». Rápidamente, el paso recién dorado dobla la esquina y se acerca. Cada uno quiere que lo paren directamente delante suyo.

Tenemos suerte. Algo siniestra contra la luz lunar, la sombra negra del Cristo se detiene, casi tan cerca para tocarla. Ahora hay movimiento debajo del paso. Con rostros enrojecidos y cubiertos de sudor por el esfuerzo, un grupo de costaleros aparece. En este instante, un grito desgarra el aire nocturno desde el balcón encima de la sombra del Cristo. Una Saeta – palabra andaluza muy adecuada, pues como una saeta se lanza este canto y con intensidad punzante se busca su camino para herir los corazones de los que escuchan. Sin duda, como el Cante Jondo en total, es de origen oriental. Recuerda más bien a las invitaciones de un almuédano que a sonidos europeos y constituye un ejemplo de elementos sincréticos en la Semana Santa de Sevilla. Es la Saeta una «Aria de Cante Jondo», cuya intensidad arcaica no dejará indiferente a nadie, y algunos del público lanzan un Olé espontáneo, mientras que aplauso no se admite, porque la Saeta es para Dios, no para un público terrestre. Entretanto, el capataz ha dado la orden para la Levantá y la oscura sombra de “Manué” se aleja al ritmo de una marche que no suena tan triste. Una gitana que pasa ahora me asegura: “¡No estés triste, esa historia termina bien, y en un par de horas habrá resuscitado!”

IV. El rostro tenebroso de la Salvación

5.00. De nuevo una larga espera, esta vez en la Calle Zaragoza. El frío de la alborada naciente invade los cuerpos, pero hay que resistir y esperarlo a ÉL. Es el Jesús del Gran Poder de la cofradía del mismo nombre, fundada en 1431. Los sevillanos suelen decir que el suyo es el “Rostro verdadero de Cristo”. Después de innumerables Nazarenos de negro, finalmente se ve la inmensa sombra del Salvador con la cruz a cuestas en la esquina de enfrente, segundos antes de que el paso mismo aparezca. Por el público, va creciendo un extraño chicheo que manda silencio absoluto.

El Gran Poder

Apenas se atreve nadie a respirar, con un nudo en la garganta, muchos se santiguan, algunos se arrodillan, todos permanecen quietos sin moverse. Como en un trance místico contemplan hipnotizados el rostro de Jesús. Juan de Mesa, el más genial de los discípulos del gran Martínez Montañés, logró tallar una versión hiperrealista, casi «expresionista» de la Pasión de Cristo (1620). Algunas espinas de la corona le hieren la frente, sangre derramada oscurece su rostro, los labios parecen secos y rajados. La postura del Gran Poder es una increíble mezcla entre majestad y rebelión. No lleva la cruz, la arrastra con rebeldía. El Gran Poder es un rebelde divino y como ninguna otra escultura de la Semana Santa sevillana representa la fuerza de voluntad sobrehumana de Cristo.

Los golpes del Llamador despiertan a todos de su meditación. Como en “cámara lenta”, se levanta el paso más antiguo de Sevilla que data del 1668. Sus ángeles y querubines, tallados por Ruiz Gijón y llenos de dulzura barroca, parecen como si quisieran apaciguar la austera severidad del Gran Poder. En silencio, la sombra morada del Salvador va hacia la luna poniente, acompañada de cientos de penitentes que imitan su Pasión durante la Madrugá….

V. La Reina de Triana vence la Noche

7.00. Lentamente amanece y poco antes de la salida del sol, el palio de la “Esperanza de Triana” ha salido de la Catedral. Una lluvia de pétalos de primavera. Retorno de la Luz, retorno a la Vida y Alegría. La apariencia de esta Virgen de la Esperanza, iluminada ahora por los primeros rayos de sol, anuncia el fin de la Noche más oscura de la Cristiandad. Con alivio, el pueblo saluda la Mañana. Esa coincidencia con la salida del sol – ¿será casualidad o forma parte del libro de escena de la Madrugá? Es uno de las enigmas del centenario guión de la Noche Mágica de Sevilla. Después de la tristeza y austeridad evocadas por las tres cofradías «de silencio negro», aquellas que con la luz del día desaparecen, vuelve ahora la alegría del renacimiento del Sol y reina el entusiasmo de una fiesta «pagana» de primavera. Sí, la mañana del Viernes Santo también es la renovación del ciclo de vida de la naturaleza – evocada por el abundante adorno de blancura floral en los Pasos de las Esperanzas.

La Esperanza de Triana

La Esperanza de Triana es la gran competidora de la Esperanza Macarena. Las dos imágenes marianas son de belleza excepcional, pero la Macarena es más antigua y más famosa a nivel internacional.

El aplauso de la muchedumbre celebra los costaleros de la Esperanza trianera, que ahora hacen bailar a su Virgen delante el portal de la Capilla del Baratillo, girándola hasta que empiecen a vibrar los varales. Los momentos cuando la Esperanza de Triana pasa por el corazón del Barrio Arenal son de los más emotivos de la Semana Santa de Sevilla. La Reina de Triana, entre aplausos y lágrimas de una multitud totalmente entregada, va continuando su marcha triunfal por la Calle Adriano a los sonidos del „Salve Trianera“ y se dirige al puente que la lleva a su barrio….

VI. La Cofradía de los Mulatos

8.00. Antes de desayunar con unas bien merecidas Torrijas, hay que apresurarse para llegar a la Iglesia de la Magdalena, una de las más grandiosas de Sevilla. Aquí entra la última de las tres austeras Cofradías de Silencio: “El Calvario”. Se fundó en 1571 como hermandad de los Mulatos, de los que vivieron muchos en la Sevilla de los siglos XVI y XVII, a consecuencia del tráfico de esclavos. Los árabes ya habían traído muchos esclavos negros, y durante el Siglo XVI, cada casa de las clases alta y media llegó a tener esclavos o sirvientes negros, así en en aquella época,  Sevilla fue la ciudad europea con el porcentaje más alto de población negra y mulata.

El Calvario

Guardando silencio absoluto, los primeros Nazarenos del Calvario ya desaparecen en la iglesia. Siendo la cofradía más pequeña de la Madrugá, no tarda mucho en aparecer el primer paso en la luz borrosa de la mañana. El Paso del Calvario, de madera de caoba, es el único Paso de Cristo sin dorar en la Madrugá, lo que subraya aún más la sobriedad de la procesión. El magnífico Crucificado es la obra cumbre de Francisco de Ocampo (1611). Pasa sin música y con los hachones apagados, en silencio de luto, sólo se oye el “racheo” de los costaleros y se siente un nudo en la garganta al mirar los ojos vacíos del Cristo muerto. Todo se ha consumado….

VII. Teatro barroco y Éxtasis colectivo

12.00. La dura luz del mediodía se derrama por las calles y desde lejos se oyen tambores – ¡la Macarena! Hace ya 12 horas que está caminando por Sevilla. Estamos ahora en la Calle Parras esperando a la Señora del Barrio. Algunos apenas se pueden tener en pie después de 12 horas de buscar pasos, otros se han acostado por la noche y parecen más despiertos.

Muchos que están en el público se preguntarán qué es lo que siente un Nazareno durante la larga procesión. Una de las sensaciones dominantes es que uno siente de repente que está formando parte de un gigantesco conjunto de arte barroco y sacro. Estamos caminando por callejas, sendas de peregrinos por donde millones de sevillanos ya han andado desde 1340, murmurando plegarias y llevados por anhelos secretos, quizás encontrando su cumplimiento. En el camino, durante la estación de penitencia, no queda tanto tiempo para la meditación, ya que hay que concentrarse en cosas sorprendentemente prosaicas para cumplir con todos los detalles del ritual. Así que cuando uno sale por primera vez de Nazareno, la primera hora puede ser marcada por nerviosidad – por miedo de cometir algún error. Para incorporarse bien en el conjunto de la procesión, es importante siempre guardar una postura solemne y un porte digno, hay que reaccionar cuando haya un cambio de ritmo, hay que mantener siempre la misma distancia al que precede en la fila de Nazarenos, para no quemarle la capa o túnica con el cirio (lo que después de 12 o 13 horas y el cansancio acumulado resulta mucho más fácil de lo que muchos piensen). Y mientras que una mano porta el cirio, la otra está constantemente ocupada arreglando y corrigiendo la posición del antifaz. Es que las rendijas para los ojos son bastante pequeñas y si sólo se mueven un par de milímetros, ya no se podrá ver nada. Al mismo tiempo hay que dedicar atención al público, a los espectadores, los que a veces llegan a empujar a los Nazarenos en sitios de gran gentío o bullas y siempre piden estampitas de Cristos y Vírgenes que hay que repartir para no decepcionar a nadie. Pero a pesar de todas esas acciones más bien banales, no obstante importantes para contribuir a la imagen estética de la procesión, naturalmente también se puede encontrar aquellos momentos inolvidables y mágicos, a veces cuando menos los esperamos. Esta mañana en la Calle Santa Ángela de la Cruz, cuando de repente se abrieron las nubes de la alborada y los rayos del sol saliente iluminaron las filas de espectadores cansados en frente del Convento, un momento de renacimiento de la luz y primavera después de la noche fría…

A la luz del día sólo quedan las procesiones de las tres cofradías populares y «alegres».

Y no es por casualidad, sino parece formar parte de la dirección de escena  de la Madrugá, que con la salida del sol las tres hermandades de silencio negro han llegado a sus templos y quedan invisibles – como si el retorno de la luz del día y trompetas y tambores de las cofradías populares hubieran desterrado aquellas sombras de la noche de luto.

La Esperanza en su puente, regresando a Triana

Radiante, el palio de la Macarena aparece al principio de la calle, acercándose lentamente. Se desborda la alegría de la muchedumbre, cuando los costaleros la hacen bailar al ritmo de “Pasan los Campanilleros”. Finalmente, se puede ver su cara. Con las velas del paso medio fundidas, la sonrisa de la Macarena parece más cansada, pero ha triunfado sobre las sombras.

Una leve brisa trae el perfume de azahar. Toda la calle se convierte en un alud de gente, una lluvia de pétalos y saetas, el palio parece hundirse en las olas de devoción. Es una experiencia extraña dejarse llevar por este río humano que desemboca en un éxtasis de misticismo colectivo.

Naturalmente, la ciudad también se celebra a sí misma en su Semana grande. “Toda Sevilla un Cielo” dice la letra de una saeta popular. Para los sevillanos, es el Cielo. Ésa es la clave para comprender su Semana Santa: es la apoteosis de una ciudad terrestre. Sevilla se convierte en la Jerusalén Celeste – construída por 60 procesiones efímeras que simbolizan la Ciudad Eterna. No es por casualidad que aquí en la Metrópoli del Barroco – y no en Roma ni en Versalles – podemos contemplar el mayor conjunto de arte barroco, porque los sevillanos tienen almas barrocas y saben perfectamente poner en escena ese ritual tan rico en contrastes. Hoy día, la Semana Santa parece más popular que nunca, también entre los jóvenes, sean nazarenos, penitentes o costaleros.

14.00. Cuando el capataz da por última vez la orden “Al Cielo con Ella”, se trata de una lema de doble sentido. El cielo al que llevan cada Paso, como ahora el de la Macarena, no es sólo la Basílica cuyas puertas se cierran ahora, es toda Sevilla – siete días cada año.

Texto: Berthold Volberg

Imágenes Vicente Camarasa

13 junio 2009

El Silencio . El Camino de todas las Sombras

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 Tomas la Cruz y entras en el callejón

Sin retorno.

Re acompañan antifaces negros

Sombras de la Muerte, Rostros de la Nada

 

No hay palabra – ninguna

Para expresar la angustia al entrar

En este camino de todas las sombras

Aunque sabiendo tu luz va a brillar

Como el Sol después del eclipse solar

Vuelve con claridad más intensa…

Pero no hay palabra – ninguna

 

“Silencio” susurra la seca Tierra

“Silencio” canta el Cielo alejado

Cuando te acercas en silencio

Y el retorno atrás se te cierra.

Texto : Berthold Volberg

Foto Vicente Camarasa

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