Palios

31 julio 2009

ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Domingo de Resurrección

Filed under: Úbeda, Domingo de Resurrección, Semana Santa — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 5:54

Por último, y tras un sábado sin salidas procesionales, la portada de la iglesia de San Nicolás vuelve a iluminarse al dar salida a Jesús Resucitado.

 Es un paso que se estrenó en Úbeda en 1949, obra del mismo Palma Burgos. Se trata de un Cristo que se alza en pie sobre la losa del sepulcro, con un sudario que se desprende hacia el suelo. En su base, un ángel vigila su paso. Es una imagen que muestra a Jesús triunfante sobre la muerte, que sale bendiciendo a la multitud que goza con la alegría del momento.

 

Acompaña a Jesús Resucitado Nuestra Señora de la Paz, una virgen de gran belleza que se aparta totalmente de la estética de las Dolorosas. Su autor, Bartolomé Alvarado Carrasco, presenta una Virgen doncella, joven, cuya delicadeza en la mirada y en el gesto nacen de la alegría de volver a ver vivo a su hijo.

Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org

Rocío Romero

30 julio 2009

ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Viernes Santo

Filed under: Úbeda, Semana Santa, Viernes Santo — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 8:13

Cuando apenas hace dos horas que la cofradia de Jesús en su sentencia ha regresado a su templo, la gente se agolpa a las puertas de la iglesia de Santa María, un edificio emblemático de la ciudad representante de la arquitectura del Bajo Renacimiento de Úbeda.

En la madrugada del Viernes Santo, rompen el silencio unos golpes secos que anuncian la apertura de las puertas del templo por donde saldrá el paso a la calle. Al tiempo que suenan las primeras notas del “Miserere”,  Jesús Nazareno, “llamado de las aguas” , se deja ver iluminado por los centenares hachones que llenan la plaza  portados por nazarenos que esperan la salida de Jesús desde las cinco de la madrugada.

 

 

Jesús Nazareno es obra de Jacinto Higueras, de 1940, en madera policromada y a tamaño natural, se sitúa sobre un trono del ya mencionado Francisco Palma Burgos; con la cruz a cuestas avanza sereno hacia el Calvario cubierto con una túnica morada y la corona de espinas magullándole un rostro que desprende paz. Sus manos apenas si rozan la madera de la cruz que parece no ser un gran peso para él, pero la pesadumbre no se borra de la dulzura de su mirada que observa con misericordia a su verdugos.

Terminado el lamento del Miserere, Cristo camina silencioso entre las filas de nazarenos que alumbrarán su camino durante todo el recorrido de la procesión.

Tras Jesús sale del templo la Santísima Virgen de los Dolores, obra también de Francisco Palma Burgos sobre un trono de orfebrería de Sevilla. Es un trono sin palio, sencillo, que deja ver por completo la tristeza del semblante, fruto de una gran dolor provocado por el puñal de oro que lleva ya clavado en el corazón.

Esta cofradía, titulada de “muy antigua antigua e ilustre” por estar fundada allá por el 1577, consta de un tercer paso en el que aparecen San Juan y la Verónica, que porta el paño con el que supuestamente limpió el rostro de Cristo en su camino hacia el Calvario, obra de Vicente Bellver.

 

Nada más regresar a su templo, de la misma Santa María sale Jesús de la caída. La imagen del Cristo fue realizada en 1942  por Mariano Gil de Benlliure, que sustituye a la talla monumental destruida en la Guerra Civil.

Con la cruz a cuestas, Cristo cayó repetidas veces al suelo. Al tiempo que posa la rodilla en tierra mira a los que le rodean con la misma expresión de paz y misericordia que muestran los cristos de la ciudad. Amortiguan el golpe una cúmulo de flores moradas que se amontonan en torno a sus pies. Lleva el torso desnudo y parecen haber desaparecido todas las heridas que lo cubrían; quizá esas heridas no podamos verlas en su cuerpo pero si nos fijamos en la mirada de este Jesús que cae una vez tras otra por el peso del madero, veremos las llagas que se hacen allí, en lo profundo de sus ojos más y más dolorosas.

Es el mismo dolor que muestra María Santisíma de la Amargura, obra de Juan Luis Vasallo realizada en 1953. Puede observarse cómo el escultor se ha basado en los recursos tradicionales para lograr ese rostro lleno de pena y la plasmación de notas emotivas, como las lágrimas de las mejillas. Lo que destaca es la contención del semblante de esta Virgen. La espada que le atraviesa el corazón pone de manifiesto que efectivamente nos hallamos ante una iconografía de la Amargura.

 

 

En torno al mediodía  y sobre un túmulo de claveles rojos, Cristo vuelve a salir a las calles de Úbeda desde la iglesia de la Trinidad para tomar su último aliento. Jesús, roto ya por el dolor emplea las pocas gotas de vida que le quedan en mirar al cielo de la ciudad y susurrar sus últimas palabras. Esta escultura de Jesús de la Expiración fue realizada por José Luis Vasallo en 1942 para la cofradía del mismo nombre en sustitución de una imagen perdida en la guerra. La anatomía de este Cristo podemos decir que es casi perfecta, adaptando la tensión muscular al terrible momento.

 

 

Destacan las heridas de manos y pies cuya sangre corre y resbala por los maderos de la cruz. En el rostro se concentran la agonía y la tragedia del trance final; Jesús presenta la boca entreabierta, los ojos y las cejas alzados como muestras evidentes de los recursos expresivos que enlazan a este imaginero con la vena barroca andaluza.

La Virgen de los Dolores, cubierta con un manto negro sigue bajo palio el cuerpo sin vida de su hijo clavado en la cruz.

Antes del encierro de la Expiración, sale de San Isidoro Nuestra Señora de las Angustias y el Descendimiento de Cristo, cofradía fundada en 1905.

Nuestra Señora de la Angustias, imagen emblemática del sur de España, observa desconsolada el rostro de su hijo que yace inerte en sus brazos al pie de la cruz que le ha quitado la vida. Sobre un trono de plata llevado a hombros de treinta y seis hermanos, María observa con la mirada bañada en lágrimas a su hijo cuyos ojos se han cerrado ya para siempre y sus miembros se descuelgan vencidos por el peso de la muerte.

Es la única imagen de Úbeda que sigue el esquema de la Piedad, y fue esculpida por Nicolás Prados López en 1943. Concebida como talla completa en madera policromada, fue de las primeras obras salidas de su taller, dando lugar a una escultura de gran realismo y movimiento de líneas. Cristo es retratado con trazos rotundos y parece tener reminiscencias de la Virgen de las Angustias de Santa María de la Alhambra realizada por Torcuato Ruiz del Peral.

 

 

La cofradía cuenta con un segundo paso, que representa el descendimiento de Cristo, obra de Marcelo Góngora, terminada recientemente. Un Jesús de grandes dimensiones es descolgado de la cruz ante la mirada sobrecogida de San Juan, María Magdalena y José de Arimatea.

 

 

El Cristo es de talla completa, mientras que el resto de las figuras están realizadas con la misma estructura que las Dolorosas.

Abandonada ya por su hijo y antes de caer la noche comienza su itinerario por Úbeda Nuestra Señora de la Soledad acompañada por María Magdalena.

La Virgen, que parece no querer abandonar la cruz en la que ha muerto su hijo mira al cielo implorando consuelo para un dolor que es insoportable. Mientras, la ciudad quiere hacerse eco de sus lágrimas y cubre el cielo de oscuridad al tiempo que veinticuatro hermanos costaleros la portan.

Esta procesión, cuya cofradía es de las más antiguas de Úbeda, ya que se fundó en 1554, tiene la peculiaridad o el atractivo del modo en que los costaleros zarandean y dan vueltas al trono de la Virgen, o la rapidez con la que suben sin parar la cuesta de la Merced.

Cuando la Soledad ha hecho su entrada en la plaza Vázquez de Molina en espera de la procesión general que se lleva a cabo todos lo viernes santos, de la iglesia de Santa María salen quizá las imágenes más impresionantes de la Semana Santa de Úbeda: el Santo Entierro de Cristo y el Santo Sepulcro, realizadas también por el prolífico Francisco Palma Burgos. Estas imágenes se guardan en la Colegiata de santa María de los Reales Alcázares, aunque desde 1983 pasaron a la iglesia de San Pedro al estar cerrada la anterior por restauración. En la actualidad se guardan en San Pablo.

 

 

Flanqueado por dos filas de penitentes ataviados con capas de terciopelo, gollillas y puñetas, aparece el primer paso; un grupo escultórico en el que San Juan sostiene sobre el sudario el cuerpo de Jesús mientras María Magdalena le enjuga los pies con sus cabellos ante la mirada dolorosa de su madre, la Virgen. Completan el grupo José de Arimatea y Nicodemo. Tienen las esculturas un tamaño mayor del natural para que, vistas desde el suelo sobre la altura del trono, se reduzcan sus dimensiones a las normales de una persona.

 

 

El conjunto fue realizado 1947, por Francisco Palma Burgos, que obtuvo el premio Nacional de Escultura por la figura de María. En 1955 las imágenes de Nicodemo y José de Arimatea dejan de procesionar ya que se depositan en el Museo de Semana Santa en 1990, momento en el que fue inaugurado. Entre los años 1997 y 1998 el grupo fue restaurado, exceptuando los mencionados Santos Varones, por Foronda Lozano; actualmente han sido recuperados y vuelven a procesionar.

 

 

Tras este paso avanza majestuoso el Santo Sepulcro; todas las voces se acallan por lo impresionante de su apariencia: entre cuatro grandes antorchas llameantes se distingue el cuerpo de Cristo yacente. La anatomía de esta imagen es un gran logro de su autor, Palma Burgos, que con el cuerpo contorsionado y la sangre abundante que cubre sus miembros hace del realismo una de sus características principales.

Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org

Rocío Romero

10 julio 2009

ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Jueves Santo

Filed under: Úbeda, Jueves Santo, Semana Santa — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 6:01

Tras la oscuridad de la noche, el sol jiennense vuelve a iluminar una de las imágenes de la Semana Santa de Úbeda: a las once y media de la mañana del Jueves Santo, sale de la iglesia de San Pablo Nuestro Señor de la oración en el Huerto. Esta iglesia es una de las más importantes de la ciudad. En la singular Plaza del Mercado se encuentra situada esta iglesia, que es la segunda en antigüedad entre las Parroquias de Úbeda.

Es muy posible, a pesar del desconocimiento de datos, que ya se encontrase levantada en época visigoda. Con la conquista musulmana fue convertida en mezquita para, más tarde, tras la reconquista de la Ciudad por Fernando III (1234), volver a dedicarse al culto cristiano.

Comienza en este templo el recorrido de un grupo escultórico en el que, entre un olivo centenario, Cristo es aliviado en su sufrimiento por un ángel que porta el cáliz en la mano derecha; mientras, sus discípulos Juan, Santiago y Pedro, duermen ajenos a todo lo que está ocurriendo. Los primeros gestos de dolor van asomando al rostro de un Jesús que se lleva la mano al pecho como signo de aceptación resignada de todo lo que recibirá como voluntad divina.

El paso es obra de Federico Coullaut Valera, de 1946 que ha sustituido en el rostro de Cristo la agonía por la contemplación del ángel enviado desde el cielo para reconfortarlo. No obstante, destaca la palidez del rostro de Jesús que por instante se inunda de horror ante el trance que le ha tocado vivir.

Sigue al paso de Cristo la imagen de la Virgen de la Esperanza, obra también de Federico Coullaut-Valera; su manto verde bordado en oro reluce bajo los rayos de sol de la mañana de Úbeda en tanto que se oyen a lo lejos los primeros compases de la marcha “Gethsemaní”. La Virgen camina cerca de su hijo amado en un intento de aliviar sus primeros sufrimientos.

La Oración en el Huerto es una cofradía antigua, fundada en 1943, que hace su recorrido por las principales calles de Úbeda. Uno de los momentos más bellos es su paso por la Corredera de San Fernando, una de las calles más amplias de la ciudad que permite ver avanzar los pasos desde gran distancia y admirar la belleza del conjunto.

A las cinco y media de la tarde, el mismo Jueves Santo, Cristo, atado a una columna de fuste bajo, comienza a recibir los primeros martirios de su Pasión. Jesús, con el torso descubierto en el que la sangre comienza a resbalar, es portado por cien costaleros encapuchados vestidos de oscuro.

Con las marchas “Nuestros Señor en la columna” y  “Divino silencio” como telón de fondo, avanza un Cristo que comienza a vencerse de dolor mientras la noche se cierne sobre sus músculos cansados. La espalda se le encorva y las rodillas se le doblan, pero lo mantienen en pie la compañía de la Virgen y la confianza en la misión que ha venido a cumplir.

Francisco Palma Burgos en esta escultura ha conseguido plasmar la serenidad en el sufrimiento; la paz en el rostro de un Cristo de gran realismo y una estudiada anatomía en cuyos miembros puede advertirse el sello de la flagelación y los golpes recibidos. Jesús ocupa un primer plano, mientras que los soldados romanos quedan detrás empuñando el látigo, a la sombra de la ciudad ya anochecida.

En Úbeda, en los desaparecidos soportales de la calle Real, ya se veneraba antiguamente un Cristo de la columna, instalada en una hornacina. En 1925, se funda la hemandad del Señor de la Flagelación y toma como titula una talla muy antigua procedente del Monasterio de San Francisco, y que fue destruida en 1936.

Acompaña al paso de Cristo María Santísima de la Caridad, obra también del propio Palma Burgos.

Es una virgen dolorosa bajo palio, con un rostro lleno de dolor ante la presencia de los sufrimientos de su hijo.

Mientras tanto, de la iglesia de San Pablo, a las seis en punto de la tarde, Cristo está siendo coronado de espinas. Jesús de la Humildad sale a la calle con la cabeza agachada, postrándose ante la humanidad que le humilla en el Pretorio donde Pilatos lo muestra ante el pueblo, pero lanzando una mirada de perdón entre los ríos de sangre que se desbordan en su rostro.

Al mismo tiempo, el dolor estremece su cuerpo al sentir la capa púrpura que le han echado sobre el costado y que se adhiere a la multitud de heridas que lleva sobre la espalda.

Lleva las manos atadas pero en sus ojos no hay signo alguno de rebeldía; simplemente se aferra a la barilla que le han colocado entre ellas; un cetro que pretende ser signo de humillación, pero que lo eleva por encima de todos lo que lo zarandean y maltratan.

Incluso los últimos destellos del sol se van ocultando avergonzados de la injusticia que se está cometiendo. No obstante, parece como si quisieran tardar en esconderse y dar un poco de calor al cuerpo exánime de Cristo que tirita por el frío y el dolor.

La imagen fue realizada por Ruiz Olmos en madera de ciprés y a tamaño natural, en la que podemos observar reminiscencias clásicas, sobre todo en la cabeza: tiene una cabellera repartida en madeja que cae sobre los hombros a la manera barroca, con una barba señalada terminada en punta partida como era tradicional en la escuela andaluza. Su anatomía está trazada con gran suavidad, acentuada por la serenidad del rostro. También nos acercan al mundo de las apariencias del Barroco la acumulación de postizos de los que hablábamos anterioremente, como son la corona, el cetro, la capa o la soga que rodea el cuello de Cristo.

Nuestra Señora de la Fe camina con paso lento tras Jesús, debatiéndose entre la obediencia firme en la entrega de su hijo y el amor profundo que siente por él. Quizá no pueda entender jamás la razón de ese sufrimiento tan enorme; pero la fe en las palabras de Cristo pueden más en ella y se encamina con el rostro bañado en lágrimas a apoyarle mientras le quede aliento. Es obra de Amadeo Ruiz Olmos, cuyo trono fue elaborado por los hermanos de la Cofradía en 2001 y es llevado por veinticuatro costaleros.

La cofradía del Cristo de la Humildad fue fundada en 1913, y tiene como principal atractivo el séquito de romanos que da paso al trono de Cristo, famosos por su atuendo y su agrupación musical. Es sobrecogedor presenciar la despedida que hacen los romanos a sus titulares  a las puertas de la iglesia de San Pablo donde se encierran.

Cuando la noche ha cubierto de nuevo la ciudad, a las diez en punto y en un silencio absoluto se abre paso desde la iglesia de San Miguel el Cristo de la Buena Muerte. Es una cofradía que se fundó en 1979 y realiza su itinerario por el casco antiguo de la ciudad. Conmueve ver su salida y entrada del templo de San Miguel y seguir su recorrido que realizan en silencio.

Jesús, clavado en la cruz es llevado a hombros por cuatro hermanos de negro riguroso. En la soledad de la muerte se han evitado un trono suntuoso, música, flores, la compañía de la virgen … tan solo la campana que anuncia la llegada de la procesion rompe el silencio de los fieles que esperan el paso.

Impresiona, según se acerca, la solemnidad con la que avanzan los pies descalzos de los que lo portan, sorteando las piedras del suelo gastadas por los años. E impresiona alzar la vista y ver una ciudad iluminada por antorchas cual lo fuera en el siglo XVI; una ciudad noble, majestuosa, que se postra rodilla en tierra al paso de un Jesús ataviado con un sencillo paño y una corona de espinas que tiñe de rojo su frente. Es, en definitiva, digna de admirar la belleza de una ciudad que, siendo poseedora de una riqueza inconmesurable, sepa mostrar su cara más humilde convirtiéndose en simple escenario del esplendo de su Semana Santa.

Es un Cristo que data de inicios de los años 40, de autor anónimo, que repite los cánones de las escuelas barrocas, hecho muy frecuente en la imaginería del siglo XX. Tiene un tórax muy marcado y el paño de pureza en abundante vuelo.

La sencillez del Cristo de la Buena Muerte contrasta con el paso de Jesús en el momento en que va a ser sentenciado por Poncio Pilatos. En este caso se trata de un conjunto escultórico de grandes dimensiones, en cuyo centro está un Cristo que asume con gesto sereno su condena a muerte.

Una lágrima, entre la sangre que le cae por las mejillas delata la injusticia y, más aún, la misericordia y pesadumbre por la maldad que se ha apoderado del corazón de los hombres que lo están juzgando. Jesús mantiene el rostro fijo en el suelo, con las manos atadas, aguantando un insulto tras otro, golpes, humillaciones … pero lo que más le pesa y le hace bajar el rostro es la ceguera y dureza de corazón de los que le rodean. Dos soldados romanos flanquean el paso de Jesús en un ejercicio inútil ya que jamás va a intentar escapar a un destino que ha aceptado de antemano. Los soldados, con un gesto tan duro como el material en que están esculpidos, señala a la multitud que pide la muerte de Cristo pidendo silencio para que hable Pilatos.

Detrás, en la sombra, Claudia implora compasión ante su esposo, que tomará el camino más fácil dando a la muchedumbre lo que pide para salvarse a sí mismo.

Hasta altas horas de la madrugada continuará la Sentencia su peregrinar por las calles de la ciudad hasta volver al templo de Santa Teresa. La majestuosidad de su paso que se abre camino entre la oscuridad de la noche sortea callejuelas sin descanso en tanto que el agotamiento parece irse apropiando del cuerpo de Cristo que da la impresón de estar más envejecido a su vuelta al templo.

Le acompaña en su paso, como no podría ser de otro modo, Santa María de las Penas; una talla de Francisco Romero Zafra que presenta con un realismo extremo a una virgen traspasada por el dolor, con las manos abiertas hacia el cielo implorando un poco de alivio en el sufrimiento de su hijo.

Esta cofradía es relativamente nueva, ya que su fundación data de 1990. La talla de Jesús sentenciado se venera en la iglesia de Santa Teresa, y fue realizada en Sevilla en el año 1998 por José Antonio Navarro Arteaga.

Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org

Rocío Romero

9 julio 2009

ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Miércoles Santo

Filed under: Úbeda, Miercoles Santo, Semana Santa — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 6:56

Hay en Úbeda una pequeña iglesia llamada de San Nicolás, excelente ejemplo del gótico andaluz, pero, a su vez, morada de uno de los pasos más impresionantes de la Semana Santa ubetense. Una vez que se han abierto las puertas del templo, se deja ver en la penumbra un grupo escultórico de grandes dimensiones; uno a uno se adivinan los apóstoles al tiempo que la luz de la noche del miércoles santo va iluminando progresivamente sus rostros: Santiago, Judas Tadeo, Tomás, Felipe, Bartolomé … los últimos en dejarse ver son Juan y Pedro, uno a cada lado del maestro que preside la Santa Cena.  El rostro de Cristo se cubre de solemnidad mientras sus  discípulos le miran con gestos que se debaten entre la incertidumbre, el espanto, la sorpresa … la noticia de la entrega por parte de uno de ellos se ha destapado y se preguntan entre ellos quién será el culpable. Como ajeno a todo, Judas echa mano a escondidas a la bolsa llena de monedas de oro que se mancharán de sangre tan sólo unas horas más tarde.

Entre tanto, el rostro de Jesús adquiere su expresión más dulce, levantando la mano derecha bendiciendo a todos los que le han acompañando, perdonando incluso traiciones que aún no ha sido cometidas. Y la luna, en lo más alto del cielo reduce su tamaño para no interferir en la solemnidad del momento.

La cofradía, fundada en 1954,  procesiona un solo trono cuyas esculturas han corrido a cargo de Amadeo Ruiz Olmos. Hay que decir que se trata de una obra de gran dificultad, debido, por un lado, al alto número de figuras y a su coste; por otro, a la composición del grupo. Realizado con la técnica del tallado y el policromado, destaca el realismo de las figuras, que se han resuelto de forma individual, de manera que podemos identificar a cada uno de los apóstoles. Es digno de ver este grupo expuesto en el cenáculo de la iglesia de San Nicolás de Bari.

La belleza del conjunto escultórico se acentúa aún más si cabe a su paso por la Plaza Vázquez de Molina, en la que se sitúa la iglesia del Salvador. Se trata de uno de los monumentos más preciados de la ciudad, que fue mandada construir en 1536 por Don Francisco de los Cobos, secretario del emperador Carlos V, para capilla privada de carácter funerario. La comenzó Siloé y la terminó Vandelvira a partir de 1540.

Una hora más tarde, sale el paso del Prendimiento de Cristo, obra de Bernardo Foronda Lozano. La cofradía de Nuestro Señor Jesucristo en su prendimiento es de las más jóvenes de Úbeda, ya que su fundación data del año 2001. Su imagen fue bendecida el 17 de enero de 2004 en el Santuario de María Auxiliadora. Es una imagen de gran corpulencia que nos acerca al barroco pero que conserva la serenidad en el rostro.

No hay más que detenerse en la mirada para ver la inocencia del hombre que llevan preso; una mirada que conserva en si el azul del cielo que la noche ha cubierto con un manto de luto anticipado

Sobre el paso también nuevo, aún sin terminar, Jesús está siendo apresado por un personaje de rostro desencajado ante el que no opone resistencia. En otro lugar, Judas recuenta el dinero que ha ganado tras vender sangre inocente; lo que no sabe es que con esas monedas es su propia muerte la que está comprando.

Le acompaña desde el templo –ya que todavía no procesiona- y con el rostro inundado en lágrimas María Santísima del Auxilio, obra de Luis Álvarez Duarte. El aspecto envejecido de Cristo contrasta con la juventud extrema de la Virgen que aún con mirada serena acompaña a su hijo al momento en que va a ser separada de él.

 Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org

Rocío Romero

8 julio 2009

ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Martes Santo

Filed under: Úbeda, Semana Santa — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 6:09

Diez de la noche; las calles de la ciudad permanecen oscuras y el silencio se apodera de todos los congregados frente a la puerta del templo de San Juan Bautista. Tan solo, a lo lejos, una luz blanca y mortecina se abre paso entre los rostros consternados. Con paso lento, bajo una noche de oscuridad cerrada avanza a hombros de los cofrades el cuerpo sin vida de un Cristo lleno de llagas, de golpes y magulladuras; con el rostro caído por el peso de la muerte y el hombro descoyuntado por la brutalidad del brazo romano. Mientras, parecen llegar a nuestros oídos los versos de San Juan de la Cruz que dan nombre al paso:

 En una noche oscura,

 con ansias, en amores inflamada,

 ¡oh dichosa ventura!,

 salí sin ser notada

 estando ya mi casa sosegada

En ellos se advierte el consuelo que encuentra el alma después de la muerte

 

No hay sonido de cornetas, ni de voces, ni saetas; nada. El silencio habla por sí solo ante la imagen fruto de la injusticia humana; allí, muerto, pálido, pierde Cristo sus últimas gotas de sangre ante la mirada sobrecogida del espectador.

Este paso, obra de Francisco Palma Burgos, impresiona por su realismo y la violencia de las formas ya que capta el instante mismo de la muerte; los labios entreabiertos de Cristo parecen exhalar un último aliento, exhaustos tras los sufrimientos vividos. Se trata de un crucificado de tres clavos, de perfil dinámico, que pone de manifiesto la relajación del cuerpo tras la muerte; y el abandono, con la caída sobre el pecho y los brazos muy tensos colgados del travesaño. Parece haber en el escultor un interés por destacar las heridas del cuerpo de Cristo que actúan como testigos de su martirio.

La cofradía penitencial del Cristo de la Noche Oscura se fundó en 1966, momento en el que se llevó a cabo la talla y desde entonces recorre las calles de Úbeda bajo un manto de luto que cubre la ciudad cada martes santo.

El paso es llevado a hombros por todos los cofrades que salen esa noche, haciendo los pertinentes cambios de costaleros a los largo del recorrido. El itinerario y la iglesia para iniciar el vía crucis varía todos los años, aunque siempre termina el recorrido en su sede: el santuario de María Auxiliadora.

Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org

Rocío Romero

7 julio 2009

ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Lunes Santo

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Mientras Jesús descansa en Jerusalén, el fatal destino de su hijo comienza a adueñarse del corazón de la virgen que empieza a romperse por los primeros puñales. El lunes santo de Úbeda se ilumina con la salida a las calles de la Virgen de Gracia, que comienza su peregrinar desde la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares en compañía de la hermandad de nazarenos.

Las lágrimas comienzan a bañar el rostro de una virgen cuyo semblante se va ensombreciendo al tiempo que la noche cae sobre la ciudad que la acompaña en su dolor. Se trata de una cofradía fundada en 1983 que lleva un único paso; se trata de una dolorosa bajo palio, de Ramón Cuadra Moreno, realizada en 1986.

Lleva las manos separadas implorando serenamente que algo impida el sufrimiento de su hijo. Al salir sola a la calle es como si, sin que él lo sepa, intentase impedir lo imposible mientras es llevada a hombros por los hermanos costaleros de la cofradía.

Merece la pena ver la salida y la entrada de esta procesión en Santa María de los Reales Alcázares y su procesión por el casco antiguo de la ciudad.

Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org

Rocío Romero

6 julio 2009

ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Domingo de Ramos

Filed under: Úbeda, Semana Santa — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 5:43

Un año más, el tan esperado sol de Abril se abre paso entre el conjunto monumental de Úbeda. Pero sus rayos tienen ese día algo de especial; van bañando calles y plazuelas, derramando su luz entre las ramas de olivos que se tiñen de plata buscando iluminar el rostro de un Cristo que, a lomos de la borriquilla se encamina hacia la ciudad de Jerusalén. Es un rostro lleno de paz y serenidad que parece ignorar el doloroso final que le espera; o bien parece asumir con entereza los azotes que cubrirán de sangre la belleza de su mirada.

Desde la iglesia de la Trinidad, Cristo camina con humildad levantando su mano en señal de misericordia entre la multitud que le aclama; la misma multitud que días más tarde levantará el matillo que clavará sus manos a la cruz.

Se trata de una obra de Francisco Palma Burgos en el que el reducido tamaño del pollino acentúa la humildad de la imagen. Completan el paso otra borriquilla obra de Tejada y un niño hebreo esculpido por José María Palma Burgos.

Acompaña a la imagen de Jesús Nuestra Señora del Amor, nombre que se le otorga con justicia por la paz y serenidad de su rostro aún no empañado por las lágrimas.

El paso de la Virgen también es obra de José María Palma Burgos y, al igual que la anterior, se pueden admirar durante todo el año en la iglesia de la Santísima Trinidad de Úbeda.

Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org

Rocío Romero

5 julio 2009

LA SEMANA SANTA EN ÚBEDA. UNA PEQUEÑA INTRODUCCIÓN

Filed under: Úbeda, Historia Semana Santa, Semana Santa — Etiquetas: — vicentecamarasa @ 7:56

 

Tomado de

 http://peondebrega.blogspot.com/2009/01/puente-areo-barajas-beda.html

Úbeda, ciudad del Renacimiento; quien ha paseado por sus calles ha sentido el aroma de los siglos acariciándole el rostro y ha podido oír el eco lejano de voces del pasado que vuelven a nosotros para recordarnos lo que fue esta ciudad; cada uno de los adoquines que cubren sus calles, gastados ya por el paso de los años, nos llevan a rincones prodigiosos, en los que se encuentran la historia y leyenda, donde la ciudad habla con voz propia. Quien ha paseado por sus calles y se ha dejado invadir  por el recuerdo de todos aquellos que por allí pasaron, ha podido sentir la plenitud de los siglos asomada a cada una de sus puertas, ventanas y almenas. Es quizá esta conciencia de su pasado lo que ha hecho de Úbeda cuna de hombres ilustres, de bellos monumentos; una ciudad, en definitiva,  plagada de historia, pero a su vez apegada a su arte y sus creencias. De esta forma, historia, arte y fervor religioso se unen en uno de los mayores atractivos de esta ciudad, que es su Semana Santa.

PEQUEÑOS APUNTES HISTÓRICOS

 

La celebración de la Semana Santa en Úbeda comienza en el siglo XIII con la conquista de la ciudad por San Fernando. Aunque la implantación del cristianismo fue tardía, esta se produjo de forma rápida gracias a la difusión de imágenes, talladas o pintadas, para catequizar al pueblo. Todo ello de forma progresiva y cuidadosa ya que eran muchos los musulmanes convertidos y se mostraban aún reticentes a la utilización de la imagen religiosa.

No fue hasta principios del siglo XVI cuando los estamentos privilegiados impusieron las primeras imágenes de devoción, y se iniciaron con ello las primeras procesiones con el mencionado fin de poner ante los fieles una a una las escenas de la Pasión. Se trataba de la idea de la imagen religiosa como medio de elevación del alma, derivada del Concilio de Trento. Así, las cofradías comenzaron a adoptar una imagen que actuaba como titular de las mismas, que colocaban en la hornacina principal de su templo. Como consecuencia de esto, para que los fieles pudieran disfrutar de la enseñanza derivada de dichas imágenes, empezaron a realizarse esculturas destinadas específicamente para “procesionar”; cada cofradía comenzó a sacar las suyas en Semana Santa ya que eran las imágenes de la Pasión de Cristo y de la Virgen Dolorosa las que llegaban con mayor facilidad a lo más profundo del sentimiento del espectador.

Es en el Barroco cuando la Semana Santa alcanza, en España en general, y en Úbeda en particular su máximo apogeo; de los grandes autores de la imaginería barroca llegan a Jaén escultores de la escuela granadina, ofreciendo Úbeda frutos propios, como los de Zayas o  Eufrasio López de Rojas entre otros. Llegado ese tiempo de crisis general y de fervor religioso, se hace costumbre ya que las calles de la ciudad se inunden de vírgenes que lloran desconsoladas a un hijo muerto o crucificado, lleno de las mismas llagas y heridas que el corazón de su madre. Se trataba de sobrecoger, de hacer que los libros de religión hablasen por medio de esas esculturas que se deshacían en tristeza y dolor.

A partir del barroco la escultura en la provincia de Jaén sufre una decadencia de la que no saldrá hasta el siglo XX, momento en el que se produce el apogeo de las cofradías, sobre todo de la Pasión. Este hecho va parejo a un resurgimiento de la devoción popular. Comienzan a ponerse en marcha talleres pertenecientes a familias que alcanzarán gran renombre en el arte imaginero ubetense, como son Alsina, Meneses, los hermanos Benlliure o Palma Burgos.

En cuanto a la técnica, Úbeda predominan las imágenes realizadas en madera, frecuentemente ahuecadas para hacerlas más ligeras, y que luego completaban con policromados y postizos con el fin de que fueran más realistas. Este método permitía al artista alcanzar una mayor calidad en sus obras, que, con ello, tenían mayor duración. Otro aspecto que hemos de destacar de los pasos ubetenses es el hecho de que no son frecuentes las escenas de la Pasión –al contrario de lo que ocurre en otras ciudades como Sevilla o Málaga-, sino que predomina la imagen aislada.

Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org

Rocío Romero

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