Palios

27 enero 2012

LA MIRADA DE QUE SANA

Archivado en: Esperanza, Sevilla — Etiquetas: , — vicentecamarasa @ 21:16

15 enero 2012

LA SEMANA SANTA DEL SIGLO XVII CONTADA EN PRIMERA PERSONA

Archivado en: Historia Semana Santa, Madrid, Semana Santa — Etiquetas: — vicentecamarasa @ 12:12

  “La Cuaresma no reduce ni modifica las diversiones, porque son éstas constantemente muy morigeradas, o, por lo menos, muy silenciosas. Durante la Semana Santa no deja nadie de visitar los Monumentos, donde se hacen las Estaciones desde los miércoles hasta el viernes. Ocurren cosas bien distintas en aquellos días entre los verdaderos penitentes, los amantes y los hipócritas. Algunas damas, con pretexto de devoción, no dejan de visitar ciertas iglesias, donde saben desde el año anterior que irán sus amantes, deseosos de contemplarlas, y aunque vayan seguidas por muchedumbre de dueñas, como son grandes las apreturas, el amor les ofrece recursos para librarse de los Argos que las vigilan, y, revueltas entre el gentío, salen y van a una casa vecina, que reconocen por cualquier señal, expresamente alquilada para servirles en aquel momento. Luego vuelven a la iglesia, donde las dueñas no dejaron de buscarlas, y aun se permiten reprenderlas por su imaginario descuido. Desde aquel momento se hacen acompañar de más cerca para mentir con más disimulo. Así, los maridos que guardaron durante doce meses a su querida esposa, la pierden con frecuencia el día en que debió serles más fiel. Por el mucho recogimiento en que viven, sienten más ansias de libertad, y su ingenio, ayudado por su ternura, pone a su alcance recursos que facilitan sus propósitos.

  “Me ha parecido muy desagradable el espectáculo que ofrecen los disciplinantes; al ver el primero creí desmayarme; no sé cómo puede parecer bien un espectáculo que horroriza y asusta. El disciplinante se os acerca tanto, que al azotarse salpica con su sangre vuestro vestido; y esto se considera una galantería.

  “Para darse azotes gallardamente y hacer que salte la sangre a un punto determinado, hay reglas formuladas y maestros que las enseñan y caballeros que las aprenden como se aprenden las artes de la danza y de la esgrima. Los disciplinantes visten una túnica muy delgada que los cubre desde la cabeza hasta los pies, con menudos pliegues, y tan amplia, que para cada túnica se necesitan de cuarenta a cincuenta varas de tela. Llevan sobre la cabeza una caperuza muy alta, delante de la cual cuelga un trozo de lienzo que cubre la cara y tiene dos pequeñas aberturas por donde asoman los ojos del disciplinante, que lleva guantes y zapatos blancos, muchas cintas en las mangas de la túnica y desnudos los hombros. Generalmente, llevan también enlazada en las disciplinas una cinta que a cada penitente regala su amada, y ellos la lucen como un señalado favor. Para ser admirado y hacer bien las cosas precisa no levantar el brazo, mover solamente la muñeca, darse los azotes sin precipitación, y que la sangre, al saltar de las heridas, no manche la túnica. Se despellejan de una manera horrible los hombros, de los que brota mucha sangre. El disciplinante anda pausada y ceremoniosamente, y al llegar junto a las rejas de su amada se fustiga con un brío maravilloso. La dama observa esta caprichosa escena desde las celosías de su aposento, y por alguna señal comprensible le anima para que se desuelle vivo, dándole a entender lo mucho que le agradece aquella bárbara galantería.

  “Cuando los disciplinantes tropiezan en su camino con una hermosa mujer, suelen pasarse junto a ella y sacudirse de modo que al saltar la sangre caiga sobre su vestido. Ésta es una interesante atención, y la señora, muy agradecida, les dirige palabras amables.

  “Desde que un hombre ha empezado a disciplinarse necesita repetir el suplicio todos los años, y el que no lo hace así, enferma. También usan esponjas con alfileres y se frotan la piel con ellas como si fuesen la cosa más fina y suave del mundo.

  “Al anochecer, algunos caballeros de la Corte van a dar su paseo como disciplinantes; generalmente, los que tal hacen son jóvenes alocados, y sus amigos los acompañan provistos de armas. Este año salieron el marqués de Villahermosa y el duque de Béjar; a las nueve de la noche bajó el duque a la calle, precedido por sus pajes que le alumbraban con más de cien antorchas. Iban delante sesenta caballeros y detrás ciento, a los que seguían escuderos y lacayos; formaban así una lucida procesión; las damas se asomaron a los balcones, adornados con verdes colgaduras y con luces que las ayudaban a ver y las hacían más visibles. El caballero disciplinante pasa con su acompañamiento y saluda, pero con frecuencia ocurre que los dos disciplinantes que transitan a la misma hora y con idéntico aparato se cruzan en una calle y se hostigan, como ha ocurrido este año con los nobles caballeros que por su título nombré. Cada uno pretendía que le dejaran el paso libre los acompañantes del otro, y ninguno quiso acceder; los criados que llevaban delante las antorchas encendidas comenzaron a golpearse con ellas el rostro y a quemarse las barbas; los amigos del uno desenvainaron las espadas contra los amigos del otro, y los dos héroes de la fiesta, sin otras armas que las disciplinas con que iban castigando su cuerpo, se buscaron entre la confusión de la pelea, y al hallarse frente a frente dieron principio a un combate singular. Después de calentarse las orejas a puros disciplinazos recurrieron a los puños para golpearse fieramente, con brutalidad propia de carreteros. En estas algaradas no es todo gallardía, porque los hombres riñen despiadadamente, se hieren y se matan, y las antiguas enemistades encuentran ocasión de renovarse y satisfacer sus odios y sus venganzas.

  “Al fin, el duque de Béjar cedió al marqués de Villahermosa; recogieron las disciplinas hechas pedazos y las arreglaron como Dios les dio a entender: las caperuzas, que habían rodado por el suelo, aunque sucias de barro, volvieron a cubrir las cabezas; llevaron los heridos a sus casas, y la procesión continuó grave y sosegadamente a través de media villa. El duque imaginaba tomar al día siguiente su desquite, pero el Rey le prohibió salir de casa, y otro tanto hizo con el marqués. Y como final de lo que acontece por lo común en tales ocasiones, me veré obligada a decir que cuando los disciplinantes, que de tal modo se sacrifican por Dios, vuelven a su casa, les espera una magnífica cena con todo género de manjares, y esto sucede con frecuencia en un viernes de Semana Santa. Sin duda, luego de realizar una penitencia tan difícil, se juzgan con derecho a dejarse vencer un poco por el pecado. Primero se hacen frotar las espaldas con esponjas impregnadas de vinagre y sal, para que las heridas no se enconen; luego se sientan a la mesa con sus amigos y reciben de todos alabanzas y aplausos que juzgan bien ganados. Cada uno, a su vez, dice que no hay memoria de hombre que tan gallardamente se disciplinara; se exageran los gestos, se ponderan con exceso las actitudes y más que nada la dicha de la señora por quien se realizó semejante galantería. Transcurre toda la noche muy feliz entre manjares deliciosos y adulaciones exageradas; pero algunas veces el que supo sacudirse con tanto brío queda enfermo, hasta el punto de no poder asistir a la misa el día de Pascua. No creáis que añado poco ni mucho a la verdad en esta relación; cuanto digo es tan cierto que puede tomarse al pie de la letra, y, en caso de duda, no sería difícil comprobarlo, pues nadie que haya estado en Madrid lo ignora.

  “También hay verdaderos penitentes que inspiran verdadera compasión; sólo van cubiertos de los pies a la cintura y llevan arrollada en el desnudo torso y en los brazos una cuerda de esparto, cuyas vueltas oprimen de tal modo la carne, que toda la piel se pone amoratada y sanguinolenta. En la espalda llevan siete espadas metidas entre cuero y carne, que les producen dolorosas heridas a cada paso que dan, y como llevan los pies desnudos y las piedras de la calle son puntiagudas, con frecuencia se caen los infelices. Otros no llevan espadas: cargan sus hombros con una pesadísima cruz; y tanto éstos como aquéllos no son hombres vulgares acostumbrados al duro sufrimiento, sino personas de mucha calidad que van acompañados de varios pajes vestidos con túnicas y con la cara cubierta para que nadie los conozca; éstos llevan vinagre, vino y otros reconfortantes, y los ofrecen de cuando en cuando al señor, que a veces cae rendido, casi muerto, por los dolores agudos y la fatiga insoportable. Tan difíciles penitencias ya no son voluntarias galanterías; las imponen ciertos confesores, y el que las realiza, pocas veces puede librarse de la muerte, que le condena en breve plazo. Monseñor el Nuncio de Su Santidad me ha dicho que había prohibido a los confesores que aconsejaran tales penitencias; pero aún he presenciado bastantes, y se supone la devoción de cada penitente como única inspiradora de tan rudos martirios.”

Baronesa d’Aulnoy. Memoires de la cour d’Espagne, Relation du voyage d’Espagne (1690 ó 1691)

7 enero 2012

VILLANCICOS EN EL ROSARIO DE LA ESPERANZA DE TRIANA 2011

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La salve marinera

 

24 diciembre 2011

BESAMANOS DE LA ESPERANZA DE TRIANA. 2011

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Vicente Camarasa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

19 diciembre 2011

EL BELÉN DE LA ESTRELLA, 2011. TOLEDO

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Ya hablábamos de él y de su belén del año 2010, y este año volvimos a visitarlo para encontrarnos con una gratísima sorpresa.

Nos encontramos con un pueblo de un urbanismo fantástico que casi serviría para utilizarlo en clase. Sus casas encaladas y de techos planos, su urbanismo anárquico, sus propia muralla en pleno proceso de reconstrucción son verdaderamente maravillosos.

También nos fascinó sus oasis o su huerta en los aledaños de estas arquitecturas o el buen gusto a la hora de poblar sus calles dando un aspecto cotidiano y maravilloso.

Vicente Camarasa

1 diciembre 2011

PULCINELLA

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Originario de la Commedia dell’Arte, se ha convertido en el verdadero símbolo de Nápoles (y a este paso de toda la Europa del Sur rebanada a recortes).

Pues en realidad, Pulcinella no es un personaje sino toda una verdadera filosofía de vida. Un vagabundo siempre hambriento que vive como puede pero siempre es consciente de que la vida es un teatro en el que hay que actuar y poner nuestra mejor máscara ante todas las adversidades que tienen los pueblos maltratados por la historia o los grandes poderes.

Por ello siempre irá de un blanco impoluto y, como hacían los pícaros de antaño, pondrá ironía en las más terribles situaciones, sólo esperando un aplauso, quizás, el que le indique que sigue viviendo pese a todo y todos.

Tal vez una de las pocas vías que nos va dejando el futuro

Vicente Camarasa

20 noviembre 2011

Pequeñas lecciones de iconografía. LA HISTORIA DE ADÁN Y EVA

Archivado en: ICONOGRAFÍA — Etiquetas: — vicentecamarasa @ 7:57

Vezelay. Francia

Quizás sea una de las más conocidas de todo el Génesis y vamos a hacer una visión casi cinematográfica de los mismos

Dios crea a Adán  del barro primigenio y, viendo que está solo, le sume en el sueño, para tomar una costilla y crear de ella a Eva (Esta pequeña anécdota será utilizada durante toda la historia para justificar la inferioridad de la mujer ante el hombre).

 La vida en el paraíso, el Edén, se considerará como la Edad de Oro (bastante común en todas las culturas y que los ecologistas redescubrieron en el XX como una forma de desarrollo sostenible), que rápidamente se perderá…

Pues Adán y Eva desobedecen la orden de comer del árbol del bien y el mal (la Biblia nunca menciona la famosa manzana). En realidad es un doble pecado, el de la desobediencia y el de querer conocer, ambas ideas sumamente trabajadas en las mentalidades para cimentar así el poder sin ningún tipo de crítica de la Iglesia. Por cierto, y desde culturas antiguas (Ya lo era en Egipto), la serpiente que tenta a Eva representa la sabiduría, bonito desplazamiento de significado, ¿no es cierto?

 

Adan y Eva. La fruta prohibida. Capilla palatina de Palermo

 

Y tras el pecado, el castigo. Primero el interno. Ante la llamada de Yavéh, Adán y Eva se sienten desnudos e intentan taparse con la vegetación (tampoco se habla de la hoja de parra). El desnudo se asimila así al pecado, a la culpa, lo cual es perfecto para la rígida moral en el terreno de la sexualidad que propugna la Iglesia frente a la liberalidad del mundo clásico

 

Santo Domingo de Soria

San Román de Toledo

Adán y Eva. la aparición de la vergüenza. Capilla palatina de Palermo


El segundo castigo será la Expulsión del Paraíso por medio de un ángel con espada de fuego. ¿La desposesión de la felicidad por medio del conocimiento o, simplemente, una insistencia del binomio desobediencia-castigo típico de todas las religiones (especialmente las monoteístas)?

Adan y Eva. “expulsión del Paraíso”, Sicilia. Monreale

 

Adán y Eva “Expulsión Paraíso” “Capilla Palatina de Palermo” Sicilia

 

Y por si fuera poco la famosa frase: Ganarás el pan con el sudor de tu frente y parirás a tus hijos con dolor. Trabajo y dolor visto como cuestiones negativas

Adan y Eva. Ganarás el pan… Monreale Sicilia

Una curiosa y fascinante novela que intenta explorar a nuestros primeros padres desde una perpectiva psicológica en donde no falta el humor pero también el horror es “El infinito en la palma de la mano” de Gioconda Belli

Vicente Camarasa

15 noviembre 2011

EL RETABLO PLATERESCO DE SAN ANTOLÍN. MEDINA DEL CAMPO

Archivado en: Medina del Campo — Etiquetas: , , — vicentecamarasa @ 16:59

  

  Realizado gracias a la donación en testamento que hizo Catalina de Sedeño en 1539. Sus obradores fueron los escultores Cornelis de Holanda y Juan Rodríguez y el pintor Luis Vélez. Además de los citados, se admite la participación de Isidro Villoldo, Pedro de Salamanca y otros discípulos de Alonso de Berruguete, así como la de Juan Picardo, de influencia juniana, y Leonardo Carrión escultor romanista

La técnica de las tallas y los relieves es plenamente plateresca


  

 


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Vicente Camarasa

11 noviembre 2011

DOS DESCENDIMIENTOS PROTOGÓTICOS. Erill la Val y San Joan de las abadesas

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En la Cataluña tardorrománica (o protogótica) se desarrolló un tipo de tema pasional bastante repetido: el descendimiento de varias figuras independientes para su colocación en el altar, sobre un gran madero horizontal que lo eleva sobre el espectador, tal y como se ha colocado la réplica de Erill la Vall (siglo XII)

Algunos autores han señalado la influencia del teatro religioso representado en los atrios de las iglesias como origen de su representación, pasando ya del mundo simbólico del románico a la experiencia sensitiva del gótico (que se ve reafirmada por los intentos de movimiento y relación de las figuras, su búsqueda de expresividad en lo corporal, el gusto por el patetismo en ciertas figuras, o la propia elección del momento elegido, muy diferente a las maiestas domini románicas, como podéis ver en el famoso Cristo de Doña Sancha)

Frente a ellos, la Virgen aún se representa como una madonna bizantina de espectacular tocado y volumen.

 Si pasamos a nuestro segundo descendimiento (San Joan de las Abadesas), cercano a mitad del XIII veremos algunos cambios (además de la policromía conservada) que nos darán una visión del cambio producido.

Por una parte observamos una singularización mayor de los personajes (sólo basta comparar la Virgen con la anterior), unos cánones más esbeltos y un mayor realismo que elimina ciertas convenciones anteriores, a la vez que elimina geometría de los cuerpos.

Sin embargo (y esto ya es un pura opinión personal), pese a los avances técnicos producidos, la potencia y dominio de olos volúmenes del maestro de Erill la Val me siguen pareciendo verdaderamente insuperables. Ya me diréis vosotros qué opináis.

Erill La Val

San Joan de las Abadesas

 Vicente Camarasa

2 noviembre 2011

SOBRE LA RELIGIÓN BARROCA

Archivado en: Libros — Etiquetas: — vicentecamarasa @ 14:46

La contrarreforma había sido una rebelión del cristianismo meridional de los sentidos contra el cristianismo cerebral que propugnaban los hombres del norte. En España se había impuesto un cristianismo de vírgenes bellas, con los ojos negros y los labios rojos abiertos en expresión de carnal dramatismo. El Cristo de los creyentes era el Cristo de los evangelios: un hombre mediterráneo que vive comiendo, bebiendo, charlando con los amigos y relacionándose con las mujeres, y que muere padeciendo tormentos físicos (…) Aquella era una religión de colores y olores, ropas vistosas, romerías, aguardientes, flores y canciones”

Eduardo Mendoza. Riña de Gatos, 2010

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