25 Septiembre 2009
20 Septiembre 2009
FIÑANA. UN NAZARENO EN LA MEZQUITA
En Fiñana, en la autopista que une Granada con Almería, uno se puede encontrar la maravillosa sorpresa de una mezquita almohade que, en la actualidad, su mirab, sirve como capilla para un nazareno de buena factura.
Son esas imágenes poderosas que nos suele regalar Andalucía, imágenes de sincretismo de una tierra vieja y sabia que tanto y tan bien ha sabido guardar su memoria como el mejor tesoro que puede tener un pueblo
Si queréis saber más de la mezquita podéis consultarlo en
http://sdelbiombo.blogia.com/2009/082901-la-mezquita-almohade-de-finana.php
Vicente Camarasa
13 Septiembre 2009
IMAGINERÍA EN LA PUEBLA DE MONTALBÁN
El pueblo (que no conocía) me dejó muy impresionado, pero aún más la imaginería que me encontré en la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz, un templo renacentista de amplias arcadas y armaduras mudéjares.
Después he intentado buscar en la red, pero no he encontrado nada, por lo que agradecería que cualquier error (o información añadida) me la hiciérais llegar por medio de comentarios a este post)
Ese mismo día iba a salir en procesión la Virgen del Mayor Dolor y Angustia (que lamentablemente no me pude quedar a ver)
Sí pude ver a la Virgen en su paso. Una talla fina y de buen trabajo.
Vi también el paso de Cristo, la Expiración.
Me encontré con un Cristo (el de la Caridad) que me recordó al Cristo de Campo Real, de talla muy dulce.
Vicente Camarasa
8 Septiembre 2009
VIRGEN DE LA OLIVA 2009 VALDILECHA
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Tienes un artículo de la Virgen aquí
http://palios.wordpress.com/2009/05/11/nuestra-senora-de-la-oliva-valdilecha-madrid
Fotografías: Vicente Camarasa
(Las imágenes son libres pero si vas a utilizarlas cita el autor y la procedencia, por favor)
31 Agosto 2009
LA SEMANA SANTA – PERVIVENCIA DE LA FE Y DEL ARTE BARROCO
Martínez Montañés. Pasión. Sevilla.
En el siglo XVII, la Iglesia Católica en su afán por reforzar la fe, inspirada en la doctrina que manaba del Concilio de Trento, potenció las cofradías o hermandades, sobre todo las llamadas de penitencia, una de las muchas medidas orientadas a frenar las dudas suscitadas por el protestantismo, quizá por ello, se desarrolló una estrategia iconográfica y un afán por crear imágenes con un denominador común: “el realismo religioso”. España con múltiples talleres regionales de escultores imagineros, desplegó toda su capacidad artística, creando bellas imágenes de madera policromada que conforman actualmente un valioso patrimonio artístico y espiritual. Al incalculable número de obras creadas en aquel tiempo, hay que añadir las realizadas en siglos posteriores e incluso a lo largo del siglo XX, a la vez debemos considerar la obra creada y exportada a la América Hispana.
Merece destacar el importante papel desarrollado por las mencionadas cofradías, asociaciones de hermanos para atender necesidades espirituales y materiales, practicaban la caridad, sufragaban hospitales con donaciones, acogían a enfermos, a pobres, incluso asistían en los últimos instantes de la vida. Entrega desinteresada a los necesitados, pauta de comportamiento cristiano como mandan los evangelios, hecho, que en la actualidad, está presente en muchas hermandades.
Carretería. Sevilla
Las agrupaciones o cofradías, encargaban imágenes o pasos a talleres de afamados artistas, en ellas volcaban toda su fe y organizaban procesiones recorriendo calles día y noche, recordando con ello la pasión, muerte y resurrección del hijo de Dios. Estos pasos, sobre estructuras de madera, eran portados a hombros y acompañados por un séquito, los llamados penitentes, junto a multitud de devotos contemplando “la procesión”.
El nombre de paso proviene de passus-escena de procesión, y alude a la pasión de Cristo hijo de Dios, pasos que representan momentos de gran intensidad dramática, representación cronológica de la Semana que se inicia con la entrada de Jesús en Jerusalén y concluye con la Resurrección. Destacan pasos de una sola figura o grupos escultóricos como El Camino del Calvario, La Crucifixión. el Descendimiento… el nombre de paso está casi en exclusiva vinculado a imágenes de uso procesional, diferentes son las imágenes destinadas a retablos o altares y que excepcionalmente salían a la calle en procesiones rogativas o las vírgenes y santos patronos para la fiestas locales.
Salvador Carmona. Cristo de los Estudiantes. Madrid.
El hecho artístico en forma de imágenes venía a representar los instantes más dramáticos vividos por Jesús el Nazareno, María su madre y los discípulos que le siguieron; estas composiciones, de gran naturalismo a veces casi expresionista, tenían como finalidad estimular la fe del creyente, provocar un espíritu devoto y servir como medio de instrucción a los fieles, con todo ello se desarrolló un impulso emotivo y el despertar de los sentidos, al ver el sufrimiento del hombre-dios que murió y resucitó para redimirnos, hecho que se recuerda cada año en esa Semana de Pasión y Gloria.
Pedro Roldán. La quinta Angustia. Sevilla
La noche era y es, propicia para crear este ambiente espiritual de silencio y penumbra, de colores y olores, que persuaden al que cree y al que duda, acercando el hecho religioso al vivir de cada día.
Según los postulados de la Reforma Católica, resulta más fácil educar con los sentidos que con la razón.
La Semana Santa era el marco de concentración de la piedad y representaba la capacidad de sufrimiento de quien participaba en ella, sobre todo de los hermanos, escenificada en templos y calles, en estas, los cofrades, dentro de sus túnicas, llegaban a flagelarse el cuerpo como acto de purificación y penitencia, el pueblo participaba con sus rezos y llantos, creando un espectáculo conmovedor de fe y arte, de escenografía en plena calle, que aún hoy, se hace presente en muchos rincones de España como pervivencia de la fe.
Ruiz Gijón. El Cachorro. Sevilla
Toda España, en especial Castilla con Valladolid como centro y Andalucía con Sevilla y Granada, desplegaron todo su afán por esta realidad que ha llegado a nuestros días, lugares donde pervive la fe, las tradiciones, la identidad local. La austeridad de Castilla propicia un catálogo de imágenes que exhiben el dramatismo y la crudeza de la pasión, que llega a su máxima expresión en los yacentes de Gregorio Fernández, maestro que proyectó sus obras en colaboración con pintores, doradores, etc., que trabajó siempre la madera policromada de tradición hispana, sus imágenes de exagerada expresividad, de realismo extremo, al entrar en comunicación con el creyente, debido a la facilidad interpretativa de los planteamientos estéticos e ideológicos, resultaron muy eficaces.
Gregorio Fernández. Piedad. Valladolid
Andalucía por su parte, muestra sus imágenes llenas de sentimiento, de aroma, de luz, de color, buscando más la belleza natural que el dramatismo, nazarenos sufrientes como El Gran Poder, crucificados apolíneos como El Cachorro, vírgenes adolescentes llenas de dolor, dulzura y fastuosamente aderezadas como La Macarena o La Esperanza de Triana, una gran variedad de modelos nacidos en los talleres de Montañés, Juan de Mesa, Roldán, etc. La formas han evolucionado pero los conceptos no tanto, al llegar la primavera, cada región, ciudad o pueblo, se prepara para vivir este hecho espiritual y artístico de gran teatralidad barroca, de gran arraigo en nuestra cultura, de controversia, de seña de identidad que pervive, que evoluciona, que se transforma, que interpretamos, que nos define, que está presente y estará.
Juan de Mesa. Gran Poder. Sevilla.
Juan Aranda
29 Agosto 2009
UN PASO ROMANO
Frente a la espectacularidad y exquisitez del mármol, Roma no se prodiga en la talla en madera. Por ello resulta aún más interesante esta piedad del siglo XVIII realizada por alumnos de Bernini y que se encuentra en la iglesia de San Marcello. La talla es poderosa al modo de Miguel Ángel o Bernini, con una composición impecable y una anatomía mucho más expresiva que el gesto

Vicente Camarasa
31 Julio 2009
Sábado de Gloria. 11 de abril de 2009
Hoy es el último día. Un punto de tristeza empieza a invadirnos. Nos despedimos de los Otros Madrileños que ya vuelven hoy, con la promesa de volver el año próximo y las ganas de quedar en Madrid para ver las fotos y recordar estos momentos.
La mañana se la dedicamos a la Macarena: hemos decidido pasar a verla en nombre de nuestro Maestro al que debemos que nos haya enseñado a disfrutar de todo esto ¡Gracias!
Seguimos con las despedidas, pasamos por el Pumarejo y decimos adiós a los amigos que siempre nos han acogido con los brazos abiertos; quedamos para el próximo potaje del Domingo de Ramos. Ya sólo nos queda despedirnos de ELLA.
Bueno, aún nos quedan dos cofradías por ver, así que con Teresa, Regina y nuestro amigo el Marroquí, nos encaminamos a ver recogerse a los Servitas (no podemos dejar de recodar cuando el año anterior la vimos entrar bajo una torrencial lluvia en el templo con una increíble maniobra en dos tiempos que nos dejó fascinados). Hoy sigue sin llover (hace ocho años que no salían todas las cofradías, comenta Regina) y aquí estamos, saboreando los últimos instantes. Por fin, aparece y se abren las puertas del convento donde las monjitas cantan a ese Cristo muerto en brazos de su madre…
El Marroquí propone: nos queda la Soledad ¿vamos a verla recogerse? Vale, contestamos el coro (no queremos que esto acabe). Al llegar a la plaza de San Lorenzo, Regina se da cuenta de que la iglesia del Gran Poder está abierta y decidimos entrar para encontrarnos con una de las imágenes más sobrenaturales y sobrecogedora que te puedes encontrar: en medio de la basílica en una medio penumbra se encontraba el paso de Jesús del Gran Poder, quieto, paciente, suspendido en la nada…
Hay que salir, porque empiezan los oficios. Momento justo porque la Cruz de Guía de la Soledad ya está en la plaza. Respirando hondo buscamos un lugar donde esperar. Ya llega. La primera saeta empieza en la esquina, le sigue otra, y otra… Ahora empiezan dos a la vez, y sólo una sigue pero no ha terminado y ya empieza otra… ¡Es increíble! Una lucha de saetas, de sentimientos por parar a la Virgen y prolongar esos últimos momentos hasta el infinito… El capataz pone punto final mandando levantar el paso y “poco a poco, poco a poco”, se gira para despedirse de todos. Se cierran las puertas.
¡Venga! Unas cervecitas para despedirnos. Por el camino, ¡claro! Hablamos de la Semana Santa, alguien comenta que las de Castilla también son muy bonitas y el Marroquí sentencia: yo estoy esperando a que la Semana Santa de allí no coincida con la de aquí para ir a verla. Todos nos miramos y salió la carcajada: quedamos para el año que viene pero, como en el 2010 aún coinciden, en Sevilla.
Ya en el AVE, de vuelta a Madrid, con un poco de penilla, repasamos momentos y hacemos un recuento de todo lo que hemos visto: ¡31 cofradías! Ha sido una fantástica Semana Santa, “sin lluvia y con mucha gente”, aunque hemos echado mucho de menos al Jefe y a Cayetana y sus comentarios siempre oportunos. Ya sólo faltan 364 días. Nos vemos el año próximo.
Amparo Gómez-Rey
VIERNES SANTO 10 de abril de 2009
No nos resistimos a acompañar a la Trianera hasta el puente y allí la dejamos volviendo a su barrio con su carita cansada entre la alegría de las campanas de la Capilla del Carmen que la recibe.
Mientras suspiramos nos planteamos que ¿qué tal unos churritos y retirarnos a dormir un ratillo?
Amanecemos a eso de las cinco de la tarde y claro ¡El Cachorro ha salido! Tenemos que ponernos en marcha. El móvil tiene algunos mensajes y nos esperan en algunos sitios a la vez: ¡organización!
¡Venga! ¡Vamos! Nos espera: La O, la Carretería (preciosa, me ha gustado especialmente), por supuesto El Cachorro y para cerrar la noche La Mortaja, cofradía especialmente solemne y barroca que despierta emociones dormidas. Mientras dobla la difícil esquina de la calle donde la esperábamos, el chico que estaba a mi lado empieza a cantar una saeta: la voz. ¡Qué voz! Hacia vibrar todo dentro de mí. Notaba como el sonido entraba por un oído y salía por el otro vibrando intensamente… ¡Qué momento! Esto es “sentir” la música.
Amparo Gómez-Rey
ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Domingo de Resurrección
Por último, y tras un sábado sin salidas procesionales, la portada de la iglesia de San Nicolás vuelve a iluminarse al dar salida a Jesús Resucitado.
Es un paso que se estrenó en Úbeda en 1949, obra del mismo Palma Burgos. Se trata de un Cristo que se alza en pie sobre la losa del sepulcro, con un sudario que se desprende hacia el suelo. En su base, un ángel vigila su paso. Es una imagen que muestra a Jesús triunfante sobre la muerte, que sale bendiciendo a la multitud que goza con la alegría del momento.
Acompaña a Jesús Resucitado Nuestra Señora de la Paz, una virgen de gran belleza que se aparta totalmente de la estética de las Dolorosas. Su autor, Bartolomé Alvarado Carrasco, presenta una Virgen doncella, joven, cuya delicadeza en la mirada y en el gesto nacen de la alegría de volver a ver vivo a su hijo.
Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org
Rocío Romero
30 Julio 2009
ÚBEDA, CIUDAD DE SEMANA SANTA Viernes Santo
Cuando apenas hace dos horas que la cofradia de Jesús en su sentencia ha regresado a su templo, la gente se agolpa a las puertas de la iglesia de Santa María, un edificio emblemático de la ciudad representante de la arquitectura del Bajo Renacimiento de Úbeda.
En la madrugada del Viernes Santo, rompen el silencio unos golpes secos que anuncian la apertura de las puertas del templo por donde saldrá el paso a la calle. Al tiempo que suenan las primeras notas del “Miserere”, Jesús Nazareno, “llamado de las aguas” , se deja ver iluminado por los centenares hachones que llenan la plaza portados por nazarenos que esperan la salida de Jesús desde las cinco de la madrugada.
Jesús Nazareno es obra de Jacinto Higueras, de 1940, en madera policromada y a tamaño natural, se sitúa sobre un trono del ya mencionado Francisco Palma Burgos; con la cruz a cuestas avanza sereno hacia el Calvario cubierto con una túnica morada y la corona de espinas magullándole un rostro que desprende paz. Sus manos apenas si rozan la madera de la cruz que parece no ser un gran peso para él, pero la pesadumbre no se borra de la dulzura de su mirada que observa con misericordia a su verdugos.
Terminado el lamento del Miserere, Cristo camina silencioso entre las filas de nazarenos que alumbrarán su camino durante todo el recorrido de la procesión.
Tras Jesús sale del templo la Santísima Virgen de los Dolores, obra también de Francisco Palma Burgos sobre un trono de orfebrería de Sevilla. Es un trono sin palio, sencillo, que deja ver por completo la tristeza del semblante, fruto de una gran dolor provocado por el puñal de oro que lleva ya clavado en el corazón.
Esta cofradía, titulada de “muy antigua antigua e ilustre” por estar fundada allá por el 1577, consta de un tercer paso en el que aparecen San Juan y la Verónica, que porta el paño con el que supuestamente limpió el rostro de Cristo en su camino hacia el Calvario, obra de Vicente Bellver.
Nada más regresar a su templo, de la misma Santa María sale Jesús de la caída. La imagen del Cristo fue realizada en 1942 por Mariano Gil de Benlliure, que sustituye a la talla monumental destruida en la Guerra Civil.
Con la cruz a cuestas, Cristo cayó repetidas veces al suelo. Al tiempo que posa la rodilla en tierra mira a los que le rodean con la misma expresión de paz y misericordia que muestran los cristos de la ciudad. Amortiguan el golpe una cúmulo de flores moradas que se amontonan en torno a sus pies. Lleva el torso desnudo y parecen haber desaparecido todas las heridas que lo cubrían; quizá esas heridas no podamos verlas en su cuerpo pero si nos fijamos en la mirada de este Jesús que cae una vez tras otra por el peso del madero, veremos las llagas que se hacen allí, en lo profundo de sus ojos más y más dolorosas.
Es el mismo dolor que muestra María Santisíma de la Amargura, obra de Juan Luis Vasallo realizada en 1953. Puede observarse cómo el escultor se ha basado en los recursos tradicionales para lograr ese rostro lleno de pena y la plasmación de notas emotivas, como las lágrimas de las mejillas. Lo que destaca es la contención del semblante de esta Virgen. La espada que le atraviesa el corazón pone de manifiesto que efectivamente nos hallamos ante una iconografía de la Amargura.
En torno al mediodía y sobre un túmulo de claveles rojos, Cristo vuelve a salir a las calles de Úbeda desde la iglesia de la Trinidad para tomar su último aliento. Jesús, roto ya por el dolor emplea las pocas gotas de vida que le quedan en mirar al cielo de la ciudad y susurrar sus últimas palabras. Esta escultura de Jesús de la Expiración fue realizada por José Luis Vasallo en 1942 para la cofradía del mismo nombre en sustitución de una imagen perdida en la guerra. La anatomía de este Cristo podemos decir que es casi perfecta, adaptando la tensión muscular al terrible momento.
Destacan las heridas de manos y pies cuya sangre corre y resbala por los maderos de la cruz. En el rostro se concentran la agonía y la tragedia del trance final; Jesús presenta la boca entreabierta, los ojos y las cejas alzados como muestras evidentes de los recursos expresivos que enlazan a este imaginero con la vena barroca andaluza.
La Virgen de los Dolores, cubierta con un manto negro sigue bajo palio el cuerpo sin vida de su hijo clavado en la cruz.
Antes del encierro de la Expiración, sale de San Isidoro Nuestra Señora de las Angustias y el Descendimiento de Cristo, cofradía fundada en 1905.
Nuestra Señora de la Angustias, imagen emblemática del sur de España, observa desconsolada el rostro de su hijo que yace inerte en sus brazos al pie de la cruz que le ha quitado la vida. Sobre un trono de plata llevado a hombros de treinta y seis hermanos, María observa con la mirada bañada en lágrimas a su hijo cuyos ojos se han cerrado ya para siempre y sus miembros se descuelgan vencidos por el peso de la muerte.
Es la única imagen de Úbeda que sigue el esquema de la Piedad, y fue esculpida por Nicolás Prados López en 1943. Concebida como talla completa en madera policromada, fue de las primeras obras salidas de su taller, dando lugar a una escultura de gran realismo y movimiento de líneas. Cristo es retratado con trazos rotundos y parece tener reminiscencias de la Virgen de las Angustias de Santa María de la Alhambra realizada por Torcuato Ruiz del Peral.
La cofradía cuenta con un segundo paso, que representa el descendimiento de Cristo, obra de Marcelo Góngora, terminada recientemente. Un Jesús de grandes dimensiones es descolgado de la cruz ante la mirada sobrecogida de San Juan, María Magdalena y José de Arimatea.
El Cristo es de talla completa, mientras que el resto de las figuras están realizadas con la misma estructura que las Dolorosas.
Abandonada ya por su hijo y antes de caer la noche comienza su itinerario por Úbeda Nuestra Señora de la Soledad acompañada por María Magdalena.
La Virgen, que parece no querer abandonar la cruz en la que ha muerto su hijo mira al cielo implorando consuelo para un dolor que es insoportable. Mientras, la ciudad quiere hacerse eco de sus lágrimas y cubre el cielo de oscuridad al tiempo que veinticuatro hermanos costaleros la portan.
Esta procesión, cuya cofradía es de las más antiguas de Úbeda, ya que se fundó en 1554, tiene la peculiaridad o el atractivo del modo en que los costaleros zarandean y dan vueltas al trono de la Virgen, o la rapidez con la que suben sin parar la cuesta de la Merced.
Cuando la Soledad ha hecho su entrada en la plaza Vázquez de Molina en espera de la procesión general que se lleva a cabo todos lo viernes santos, de la iglesia de Santa María salen quizá las imágenes más impresionantes de la Semana Santa de Úbeda: el Santo Entierro de Cristo y el Santo Sepulcro, realizadas también por el prolífico Francisco Palma Burgos. Estas imágenes se guardan en la Colegiata de santa María de los Reales Alcázares, aunque desde 1983 pasaron a la iglesia de San Pedro al estar cerrada la anterior por restauración. En la actualidad se guardan en San Pablo.
Flanqueado por dos filas de penitentes ataviados con capas de terciopelo, gollillas y puñetas, aparece el primer paso; un grupo escultórico en el que San Juan sostiene sobre el sudario el cuerpo de Jesús mientras María Magdalena le enjuga los pies con sus cabellos ante la mirada dolorosa de su madre, la Virgen. Completan el grupo José de Arimatea y Nicodemo. Tienen las esculturas un tamaño mayor del natural para que, vistas desde el suelo sobre la altura del trono, se reduzcan sus dimensiones a las normales de una persona.
El conjunto fue realizado 1947, por Francisco Palma Burgos, que obtuvo el premio Nacional de Escultura por la figura de María. En 1955 las imágenes de Nicodemo y José de Arimatea dejan de procesionar ya que se depositan en el Museo de Semana Santa en 1990, momento en el que fue inaugurado. Entre los años 1997 y 1998 el grupo fue restaurado, exceptuando los mencionados Santos Varones, por Foronda Lozano; actualmente han sido recuperados y vuelven a procesionar.
Tras este paso avanza majestuoso el Santo Sepulcro; todas las voces se acallan por lo impresionante de su apariencia: entre cuatro grandes antorchas llameantes se distingue el cuerpo de Cristo yacente. La anatomía de esta imagen es un gran logro de su autor, Palma Burgos, que con el cuerpo contorsionado y la sangre abundante que cubre sus miembros hace del realismo una de sus características principales.
Fotos tomadas de www.cruzdeguia.org
Rocío Romero

















































